=> La Curación por el Ayuno - Alexi Suvorín (Resumen + Libro)





Valoración Personal: 9,3/10


- El libro en cuestión en PDF (Español): https://goo.gl/hTWXvP (202 páginas)
- El libro para comprarlo (Español): https://goo.gl/bHR4im (160 páginas)

* Libro Relacionado: todos los de Ehret.


______________________________________________________________________________________________________________

· 

Relacionado: Ayuno racional – Ehret

· Clister = enema

· Libro solo tras tener un mínimo de experiencia, como contraste, hay algunos fallos

PRÓLOGO:

“El Sistema Higienista se basa en el principio de que CURARSE ES UNA FUNCIÓN INTERNA NATURAL E INGÉNITA DEL ORGANISMO HUMANO. Es decir, que el cuerpo sabe curarse a sí mismo, y lo mejor que podemos hacer es «dejarlo hacer», procurando ser lo menos intervencionistas posible.

En el ayuno no es el hombre-médico el que actúa, sino la naturaleza.”

[]



1) Mi descubrimiento:

“El hecho principal de mi descubrimiento es el siguiente: durante el ayuno —cuando éste es completo y voluntario— el estómago, de un órgano que recibe la alimentación, se convierte en otro que elimina del organismo toda clase de residuos; juntamente con éstos es arrojado también el 95% de las enfermedades actualmente conocidas; el papel de los intestinos durante el ayuno es más bien pasivo.”

[]

2) Mis tres ayunos prolongados:

“Ayuné por primera vez en mi vida hace catorce años al escribir el libro El nuevo hombre, en el que trataba sobre los diversos sistemas de alimentación. Había leído entonces en el libro de Metchnikoff que ayunando voluntariamente, el hambre se siente sólo durante las primeras veinte horas. A fin de averiguarlo, me puse a ayunar. Para sorpresa mía, las palabras de Metchnikoff quedaron, en mi caso, comprobadas.”

“Mi primer ayuno lo llevé a efecto (39 días) en un ambiente, tanto moral como físicamente, muy difícil, pero fue del todo voluntario por mi parte. El segundo (21 días) lo interrumpí sólo porque con una gran caminata en tiempo malo (marzo húmedo, frío, ventoso) excité imprudentemente mis nervios y provoqué manifestaciones de neurastenia (desdoblamiento de la vista), las cuales me indujeron a interrumpir el ayuno en su mitad. El tercero (37 días) lo empecé de entrada bajo control clínico, para ofrecer a los hombres de ciencia la posibilidad de contemplar con sus propios ojos los fenómenos del ayuno prolongado y, una vez verificados, aplicarlos a la cura de sus pacientes, a efectos de su restablecimiento y, para muchos, hasta de su salvación.”

[]

3) Esencia y curso general del proceso descubierto por mí en el organismo humano:

“Por los hechos que he observado durante esos ayunos he comprobado que el organismo humano no tiene un solo camino general para su saneamiento, a través de los intestinos, sino dos, a saber: el primero para cuando la alimentación del organismo se efectúa por el estómago, y este camino (a través de los intestinos) conduce de arriba abajo, y el segundo para el tiempo de ayuno, durante el cual el organismo no recibe nada del lado
del estómago y se alimenta de sus propias provisiones, y este camino conduce de abajo arriba, terminando en la boca con la lengua, por la superficie de la cual se arrojan al final del ayuno cenizas singularmente pesadas, últimos residuos de la formidable combustión de la materia que se provoca en el organismo por un ayuno prolongado, sistemáticamente realizado según el principio: «no comer nada, beber sólo agua».”

“El curso del proceso, en rasgos generales, es el siguiente: por lo común, el apetito se siente sólo durante el primer día. A continuación desaparece hasta el final del ayuno, si no se hacen grandes esfuerzos físicos. La lengua pronto se pone blanca, después, a partir del trigésimo día, amarilla, y, por último, se cubre de manchas pardas. Al finalizar la cuarta década la lengua queda limpia, tornándose roja. Aparece un fuerte apetito; el proceso ha terminado; ¡hay que empezar a comer! Por lo general, un hombre de peso mediano pierde durante el ayuno unos 15 kg, los que puede recobrar luego, si quiere, al cabo de dos a tres semanas, renovando así su carne y su sangre. Se produce un profundo rejuvenecimiento del organismo, hablando literalmente, una nueva salud.”

[]

4) Mi primer ayuno de 39 días el hecho mismo del descubrimiento.

“Según estudios exactos de laboratorios científicos, durante el ayuno completo
acompañado de completa inactividad del ayunador, el organismo de éste gasta, sin embargo, para el mantenimiento de la temperatura, el funcionamiento del corazón, los pulmones y la circulación de la sangre, no menos de 1.600 calorías de energía térmica, o sea, dos tercios de las 2.500 necesarias por día para un hombre que se alimenta normalmente y trabaja sin esforzarse demasiado.”

“Con otro pedazo de pan, que elegí a propósito con corteza dura, froté durante la masticación la lengua, el paladar y las encías, a fin de quitar de la lengua el «sedimento» y despertar en la boca las glándulas de jugos digestivos, y luego de haberlos tragado, tomé un espejo para examinar la lengua. La observé.
¡Dios mío, qué había hecho! Pero ya era tarde.
La lengua estaba completamente limpia del sedimento y era roja. En ninguna parte se notaba ni el color blanco ni el amarillo. Sólo cerca de su base, justamente en medio (allí donde se encuentran los montículos papillce circumvallatce), se destacaba nítidamente una pequeña mancha circular de color marrón oscuro y contornos bien marcados con una corta prominencia hacia fuera”

“La lengua se hallaba en la boca como un objeto que me fuese ajeno, envenenándolo
todo en torno suyo, inclusive la saliva, que quitaba de ella ese terrible trasudor. Antes todo eso no se notaba tanto, porque la lengua estaba bajo el «sedimento» blanco como en un estuche, y sus secreciones corrían por debajo de esa tapa, derramándose en la saliva sólo de sus bordes y siendo escupidas inmediatamente.”

“Uno se da cuenta de que no se trata de una mancha, sino de la salida a la superficie de la lengua de todo un haz de chorros que llevan los residuos desde las profundidades del organismo hacia afuera. Es la desembocadura de ese torrente y su corte transversal. ¡Es un trasudor, y no un sedimento!”

“Si se supone que esos sedimentos blanco, amarillo y pardo se segregan, en alguna forma, de la saliva, surge la pregunta: ¿por
qué, entonces, esa misma saliva no es, a la sazón, ni parda ni amarilla? y, lo que es aún más importante,
¿quién es y con qué varita mágica distribuye sobre la lengua los excrementos en un orden tan geométrico: los
pardos en el centro, en torno suyo los amarillos (y en ningún caso los blancos), y luego los blancos?”

“Que el hambre alivia muchas enfermedades, que el apetito desaparece generalmente al final del primer día, que se puede ayunar sin peligro alguno muchos días seguidos, que al principio del ayuno aparece sobre la lengua, no se sabe por qué, un «sedimento», que al final ese sedimento desaparece, y, por causas desconocidas, vuelve a aparecer el apetito, todo eso se sabía ya antes, pero se ignoraba por qué ocurría, se ignoraba el mecanismo del proceso del ayuno en sí, no estaban determinados con precisión y claridad su esencia, sus fases, su duración y el sitio donde se produce en el organismo.”

“La temperatura del ayunador baja comúnmente medio grado de la normal, sin exceder de los límites de 36° - 37°,”

“Profundo, porque en los cuarenta días de su duración íntegra abarca todo el organismo y todos los tejidos del hombre. Lo llamo proceso que se desarrolla desde dentro porque no cura la enfermedad superficialmente, sino que la arroja del organismo junto con sus raíces.”

“Dos caminos: uno para el tiempo en que el organismo se alimenta normalmente, por el estómago, y ese camino conduce a través de los intestinos de arriba abajo, y otro para el tiempo en que el organismo ayuna, es decir, se alimenta con sus provisiones internas, y ese camino conducen el organismo de abajo arriba y termina en la boca, en la superficie de la lengua.”

“En la lengua, esos residuos envenenan los nervios gustativos, matando así el apetito para todo el resto del ayuno, es decir, mientras dure la expulsión de esas «cenizas» por la boca”

“El organismo necesita generalmente de cinco a seis días para organizar completamente la evacuación de esos residuos de la combustión por la boca. En ese período le hace falta, naturalmente, mucha agua,”

“El plazo completo en que el organismo consigue, bajo la imposición del ayuno, liquidar en sí todo lo ajeno, nocivo y secundario para su vida, es comúnmente, igual a cuarenta días,”

“Aquellos que siguen ayunando después que se haya despejado su lengua al final de cuarenta días son suicidas inconscientes, y a la medicina le incumbe la tarea de explicárselo a la gente y combatir ese mal.”

[]

5) Mi segundo ayuno de duración completa (37 días)

“Durante mi segundo ayuno completo esperaba, en general, la repetición de los fenómenos del primero, aunque quizás sólo en una forma un tanto atenuada. Esperaba, así, una especie de «rutina» de parte de la naturaleza y, naturalmente, me equivoqué.”

“Simultáneamente, a partir del vigesimoctavo día hasta la terminación del ayuno, de la garganta y las cuerdas vocales empezó a segregarse abundantemente una mucosidad de color verdoso claro, también sin ningún olor. Entonces, al parecer, empezó la evacuación de los elementos morbosos, también sin la más mínima inflamación ni dolor. La mucosidad fluía de las cuerdas, y apenas tenía tiempo para escupirla. El fenómeno desapareció en seguida después de mi primera comida al terminar el ayuno, lo cual demostró su relación directa con el proceso. Nunca he sentido mi voz tan sonora y fuerte como en los días que siguieron.”

“Es evidente que el proceso de la profunda purificación del organismo por medio
del ayuno tiene sus constantes plazos, formas y fases. Pero durante el segundo ayuno, mi organismo ya era mucho más puro que durante el primero. Las «cenizas» más gruesas ya habían sido eliminadas de él, y ahora esperaban su expulsión otras de una clase distinta.”

[]

6) Mi segundo ayuno incompleto de 21 días

“Durante estos experimentos me encontré dos veces con la doctrina del ocultismo acerca de la estructura del cuerpo humano y con la comprobación real de esa doctrina.
Dicha doctrina sostiene que el hombre consta de varios organismos encerrados uno en otro. Los dos más materiales son el físico y el fluídico. El primero es nuestro cuerpo exterior, el segundo, nuestro organismo espiritual, donde se encuentran los centros y raíces de nuestras sensaciones.
Ese segundo organismo —fluídico— se llama, en el ocultismo, astral, y en la medicina, nervioso-magnético, no reconociendo, empero, oficialmente su existencia la medicina académica”
“Dos veces durante los ayunos sentí en mí separadamente estos dos organismos, que experimentaban sensaciones diferentes: uno se hallaba lleno de energías y fresco; el otro se quejaba y hacía saber que aún no había descansado y que había que cuidarlo.”
“La subida a una altura aunque sea reducida, exige la superación de la fuerza de atracción terrestre, o sea, del magnetismo terrestre, al cual en el cuerpo humano le corresponde el magnetismo animal, es decir, el organismo astral. Resultaba que yo poseía provisiones fisiológicas suficientes tanto para el segundo como para el tercer ayuno, mientras que las provisiones del magnetismo animal, que durante el ayuno se consumen simultáneamente con las de grasa, azúcar, etcétera, al parecer, no se reintegran tan pronto como las fisiológicas, y he aquí: ¡sobre la falta de las provisiones del magnetismo animal, sobre la necesidad de gastarlas con suma economía, me avisa prudentemente mi organismo nervioso-magnético cada vez que es afectada su esfera, es decir, durante las subidas!”
“Recordé la enorme importancia de la psique en el curso de los procesos fisiológicos, comprobada por nuestro célebre I. P. Pavloff, o mejor dicho: la presencia en los procesos fisiológicos del cuerpo de una peculiar psique independiente que no advertimos generalmente.”

[]

7) ¿Qué he obtenido de mis ayunos?

“Tenía 63 años de edad. Mi cabello era ralo e iba encaneciendo. Después del primer ayuno empezó a crecer en abundancia y de color normal.”
“Antes de mis ayunos sabía de antemano que hacia el final de una conferencia de una hora la sangre me afluiría a la cabeza, el pensamiento se tornaría pesado y aparecerían indicios de un próximo dolor de cabeza, el cual se haría sentir, si la conferencia se
prolongaba. Ahora doy conferencias de una hora y cuarenta y cinco minutos a dos horas, luego, durante una hora más doy toda clase de explicaciones y me voy con la cabeza completamente fresca.”
“En los tres ayunos, al décimo día justo, mi mano empezaba a funcionar durante la escritura como la de un joven —las letras eran firmes y regulares—, y lo que merece especial atención: la mano —lo sentía muy bien— y mi cerebro mismo, o sea sus más profundos centros nerviosos, tenían ahora la tendencia de escribir con letra muy chica, mientras que antes de los ayunos, en toda mi vida de adulto, mi escritura había sido muy grande y suelta.”

“Los resultados directos que me dio el ayuno para mi estado habitual son cuatro:
- Se han fortalecido en forma sorprendente los nervios, ha aumentado la aptitud de trabajo y la capacidad de soportar la fatiga.
- Se curó y empezó a funcionar perfectamente el hígado.
- Desapareció el catarro de la garganta y de la nariz que me había quedado de un resfrío crónico. Mediante respiraciones profundas reprimí esta enfermedad que me molestó durante veinticinco años, pero logré eliminarla por completo sólo con mi segundo ayuno.
- Desaparecieron manifestaciones generales de la esclerosis.”

[]

8) ¿Qué enfermedades se curan con el hambre?

“La cura por el hambre surte especial efecto en los casos de anemia, desarreglos intestinales, procesos inflamatorios y pustulosos, catarros, llagas externas e internas, tuberculosis, esclerosis, reuma, gota, hidropesía, neurastenia, neurosis, eczema, enfermedad de la vista, de la piel, diabetes, enfermedad de los riñones, del hígado, etcétera.”
“Dr. Kellog: «Durante 45 años tuve extraordinarias comodidades para la observación de la influencia de la alimentación libre de carne sobre el cáncer. Entre varios millares de enfermos cancerosos sólo había cuatro vegetarianos, todos los demás eran carnívoros, y en uno de ellos el restablecimiento se produjo sin la eliminación de la formación cancerosa». Ésta es la enorme ventaja que ofrece el régimen vegetariano contra el cáncer. ¡Sólo cuatro casos entre varios miles! Que el cáncer se produce debido a un contacto duradero con bacilos de putrefacción y los venenos originados por ellos (y ésta es la consecuencia de la alimentación con carne), en opinión del doctor Kellog, encuentra su comprobación en el hecho de que el cáncer se produce con más frecuencia justamente en el apéndice y en el intestino grueso, donde por más tiempo se mantienen los residuos de los alimentos. Su período inicial es a menudo la «úlcera benigna» en los intestinos o el estómago, y estas úlceras —dice el doctor Kellog— ya hace más de cuarenta años que las curo con el ayuno durante una o dos semanas.”
“La cura mediante el ayuno tiene como rasgo benéfico no limitarse nunca en su efecto a una sola enfermedad. Siempre da también una refrigeración y robustecimiento generales del organismo. En el hombre no sólo desaparece el catarro del estómago, sino que cesan también los dolores de cabeza, la tos en las horas de dormir, las turbaciones de la vista, y aumenta la capacidad del trabajo.”
“A pesar de mi paciencia para el baño en agua fría, de noche siempre sentía frío y, al acostarme, no podía calentarme durante mucho tiempo, ni bajo dos mantas y con tiempo templado. Pero de un modo singular sentí el frío durante los tres ayunos. Ahora, después del tercer ayuno, el fenómeno ya no se repite, ni al acostarme ni de noche. Ahora tengo calor hasta al dormir bajo una sola manta; me la quito y duermo cubriéndome con una sola sábana; estoy muy sorprendido y me alegro del cambio que se ha producido, recordándole a usted con gratitud.”

[]





9) Hechos y casos:

“En general, el profesor S. Meller escribe sobre el ayuno casi lo mismo que usted (excepto la teoría sobre la expulsión de los residuos por la boca), pero aconseja no ayunar más de 21 días. En su opinión es mejor realizar en un año dos o tres ayunos de 21 días, que uno solo de 30 a 40 días. Sostiene que al cabo de 21 días la energía vital del organismo se debilita, el intercambio de sustancias que se observaba antes cesa bruscamente, y empieza el agotamiento y el decaimiento de la vitalidad.”
“Así que el ayuno cura los tejidos no sólo en su superficie, sino también en su interior. De las paredes de la arteria extrae todas las células morbosamente formadas y superfluas, y la arteria vuelve a sus dimensiones primitivas (al tratarse de la dilatación de la aorta) o recupera su elasticidad anterior (en casos de artritis).”

[Los casos son de mejoría bastante buena, pero los entienden como un proceso necesario de vez en cuando sin prestar demasiada atención a qué toma y qué habitos tener y no tener, cuando no se ayuna.]



10) El fortalecimiento general del organismo mediante un ayuno prolongado. Cada cual puede ser médico de sí mismo:

“Suspendido este último ayuno, no suspendí los clisteres y proseguí su aplicación diaria —a modo de experimento— durante un mes y medio más, atribuyéndoles enorme importancia como procedimiento para aliviar —si no eliminar por completo— la lucha del organismo con los venenosos residuos perjudiciales que quedan detenidos en los intestinos y no salen de allí sin ayuda del clister; así, el organismo se ve en la necesidad de soportar esta cloaca, asimilándola.”

“El procedimiento es el siguiente: el recipiente está colgado en la pared a una altura un tanto superior a la del hombre; el tubo es largo. Me acerco, me inclino, y ya está. Luego me acuesto en el lecho de espaldas, levanto las piernas, sostengo la espalda con las manos, doblo las piernas más allá de la cabeza, alcanzando con las puntas de los pies las tablas de la cabecera de la cama; a continuación enderezo las piernas y cuento despacio hasta 150. Después me levanto; esto es todo. El agua del clister sale en 7 a 10 tiempos en el transcurso de 45 minutos a una hora. Al principio aparece pura agua, y más tarde, al parecer desde muy adentro, la «cloaca». En ese tiempo, hasta la terminación del clister, hago gimnasia con el tronco: me doblo en todas direcciones, me enderezo en forma violenta, estiro con fuerza los brazos hacia arriba, y por fin, doy un vuelco sobre el trapecio, me apoyo sobre las manos, me estiro hacia arriba con los brazos extendidos y en seguida me dejo caer, también con los brazos extendidos, agarrándome fuertemente al palo del trapecio. El resultado de la constante aplicación diaria de clisteres fue magnífico. El intestino empezó a funcionar como en los tiempos de mi juventud, o sea, en forma perfecta.”
“Ahora estoy plenamente convencido de que los clisteres son inocuos y de gran efecto curativo; el organismo y los intestinos no se acostumbran en lo más mínimo a los mismos, y una vez suspendidos, el funcionamiento del aparato digestivo se desarrolla en forma más perfecta que antes.”

“De cuarenta y siete años de edad. Inválido en un 70%. En un examen médico practicado a este enfermo en 1923 se comprobó lo siguiente:
1) Defecto compensado del corazón.
2) Adiposis del corazón.
3) Dilatación de la aorta.
4) Enfisema de los pulmones.
5) Hígado enfermo.
6) Esclerosis general liviana.
7) Hernia de ingle.
8) Contusión en la cabeza y en la pierna.
9) Hemorroide.
9) Espasmos intestinales.
El 17 de junio de 1926, a mitad de Cuaresma, el señor M... y escribe a sus parientes a Belgrado:
“Hoy es el 24° día de mi ayuno. Me siento bien, mi estado de ánimo es excelente y mi aspecto completamente satisfactorio. Algunos encuentran que, de no saber que estoy ayunando, habrían atribuido el cambio producido en mi exterior a alguna enfermedad muy liviana de dos o tres días de duración. Si todo va tan bien como hasta la fecha, aguantaré el plazo completo del ayuno. Una semana más tarde su esposa escribe:
Hoy se ha cumplido el 30° día desde que mi esposo está ayunando. Se siente bien físicamente, pero está nervioso e irritable. En los últimos días empezó a sentir alguna debilidad. La única esperanza que me sostiene es que luego estará mejor. Se nota un cambio enorme en la respiración. Ya no se ahoga, marcha rápidamente y puede caminar mucho, lo cual antes le era imposible.
Los resultados, según el diario del mismo señor M... y: Ayuno durante 40 días.
He perdido 24 kg de los 111 y medio que pesaba antes del ayuno. Antes estaba tan débil, que sólo podía hacer trabajos livianos en casa. Con los primeros días de ayuno, las fuerzas fueron en aumento.”

“El enfisema de los pulmones desapareció por completo. Sobre el 2° día escribe: «me pareció respirar con más facilidad. Antes, durante el sueño, roncaba mucho, molestando a otros. Ahora ya no ronco. Es evidente que el estado general de la caja torácica ha mejorado muchísimo, desapareciendo en ella todas las hinchazones e inflamaciones.”

“«A mí me parece que el corazón ha mejorado; por lo menos, no lo siento tanto como antes». Después explica: «Los dolores en la planta del pie derecho originados por una contusión, dilatación y un golpe han desaparecido del todo. Idénticos dolores en el pie izquierdo se han reducido a la mitad. Estos dolores disminuyeron considerablemente ya a partir del 10° día de ayuno»”

[]

11) Efisema de pulmones, asma

“En la cuarta semana, la lengua empezó, al parecer, a despejarse, pero luego se tapó de nuevo fuertemente; el gusto en la boca es repugnante —es la única faz desagradable del ayuno.”

“«La lengua está más tapada en medio, y, sobre todo, junto a la base; en los costados, no hasta la punta. Al aplicarme clisteres, continúa hasta ahora la eliminación de residuos, porque dudo que su cantidad tan elevada pueda ser el producto de la combustión del organismo sin alimentación.»
«Lo que me sorprende particularmente es que no se produce ningún decaimiento de las fuerzas; al contrario, la debilidad originada por las anginas, el empleo de aspirina y por las transpiraciones ya hace tiempo que ha desaparecido, de modo que el estado físico es excelente.»”

“«He conseguido dejar de fumar con ayuda del ayuno, y ahora, transcurrido un mes después de su terminación, sólo por momentos viene el deseo de fumar, fácilmente vencible (mediante una aspiración profunda).”

“Llamo la atención del lector sobre el hecho de que en estos dos casos de enfisema pulmonar, el efecto del ayuno se hizo sentir negativamente en la afición al tabaco. El tabaco hasta provoca repugnancia, y un vicio inveterado desaparece fácilmente. Formas singularmente difíciles de enfisema son provocadas por el envenenamiento con gases asfixiantes. Generalmente, los envenenados no pueden soportar el humo del tabaco. Es evidente que el ayuno sana los mismos centros nerviosos profundos cuya lesión por los gases provoca el enfisema de pulmones.”

[]

12) Catarro de estómago de doce años de duración. Neurosis. Cura en 38 días

“«Yo trabajaba, y ellos comían y se saciaban, mientras que yo podía comer lo mismo y siempre sentía hambre». Bajo la influencia de mis relatos, se puso a ayunar hasta la completa purificación de la lengua y la aparición del apetito. Su ayuno duró 38 días. Una vez terminado éste, el señor en cuestión vino a verme corriendo lleno de entusiasmo: «Estoy completamente sano. Mi comida predilecta es ahora la polenta de
grano sarraceno con tocino. En mi familia reinan paz y felicidad. Es una vida completamente nueva».”
[]

13) Lesión grave de la vista. Debilidad orgánica general

“El ayuno duró 16 días. El apetito apareció ya al 15° día (provocado, probablemente, por alguna causa excepcional). Una enorme mejora del estado físico. Los ojos volvieron a su sitio normal. La vista misma quedó sin alteración apreciable, pero la duración del ayuno no fue ni con mucho completa. Las muelas y las encías se robustecieron y sanaron por completo. La enferma puede masticar con ellas normalmente. Se siente tranquila y llena de aliento. Tomó la firme decisión de repetir el ayuno por un plazo mayor.”

[]

14) Catarro agudo de estómago. Profunda neurastenia con parálisis de la mitad del cuerpo y principios de hidropesía. Psicosis con la idea fija del suicidio. Primer alivio en los días iniciales. Curación completa en 45 días.

“La primera semana la pasó en cama; la segunda, de día, en un sillón. Cada día sus fuerzas iban creciendo; el espíritu se esclarecía. Los dolores en las distintas partes del cuerpo cesaron una vez que inició el ayuno, tras haber abandonado la alimentación forzosa. Al 11° día dio un paseo de un kilómetro y medio. Al 20° día, otro de tres kilómetros, al 24° día uno más de 10 kilómetros, y el 32° día lo pasó todo en una exposición, caminando sin cesar de la una y media de la tarde a las once y media de la noche. Ese día, de resultas de un esfuerzo físico tan considerable, la enferma sintió un ataque de apetito, el cual, sin embargo, pasó al cabo de tres horas.
Dice ella refiriéndose a esa época: «No experimentaba ninguna depresión ni debilidad. Al contrario, con cada nuevo día de ayuno, me sentía más feliz y más alegre. Sentía que una vida diferente, aún ignorada, se iba propagando por todo mi ser. Mi razón se iba despejando, las torturas psíquicas desaparecieron. La vida, en lugar de pesada, empezó a parecerme un goce. El sol, los árboles, las flores adquirieron a mis ojos su anterior encanto, y mis parientes se alegraban de que retornase a mi estado de ánimo normal y a la salud»”
“Agregaba que a partir del ayuno había aumentado 11 kilos, es decir, había engordado dos kilos respecto a lo que pesaba antes del ayuno, y que ya no le hacían falta las gafas que antes tuvo que llevar durante más de trece años. Llamo la atención del lector sobre ese fenómeno «paralelo», naturalmente del todo inesperado para él, producido por el ayuno, a saber: la mejora de la vista. Tales ejemplos son, en general, frecuentes.”
[]

15) Hidropesía de fomra gravísima. Primer alivio al día siguiente. Todos los indicios de la hidropesía desaparecieron al final de la tercera semana. Curación completa en 50 días

“Todas las manifestaciones de la hidropesía desaparecieron para fines de la tercera semana, pero el apetito no reaparecía. Todos los días, Tress bebía el zumo de dos naranjas y de noche limonada caliente. Probablemente, esa violación del principio del ayuno absoluto fue la causa de la prolongación del proceso general de la purificación de la sangre por un plazo superior a los habituales 35 a 45 días.”
[]

16) Mi ayuno de 40 días

“Esperaba poder asegurarme para el futuro, en la medida de lo posible, contra los pequeños malestares que acostumbramos a considerar como fenómenos poco menos que normales, demasiado insignificantes para llamar nuestra atención, pero que, sin embargo, apareciendo de tiempo en tiempo, distraen el espíritu y el cuerpo del trabajo tranquilo y causan en la vida mucho desagrado. Tales son toda clase de dolores de cabeza, romadizos, resfriados, indigestiones, y finalmente, esa incomprensible flojedad
que nos ataca a veces, el mal humor sin causa aparente, etcétera. Además, quería comprobar en mí mismo la relativa facilidad con que el organismo soporta durante un plazo bastante prolongado el estado de ayuno, no sólo sin ningún daño, sino, al contrario, con una enorme utilidad en el sentido de la renovación ulterior y el
aumento de las fuerzas y facultades”
“La cosa es que, con el tiempo, el agua se tornó desagradable, adquiriendo un sabor un tanto amargo, y para facilitarme su consumo en la mayor cantidad posible con fines de procesos de purificación, intenté mejorar su sabor, agregándole pequeñas cantidades de las sustancias arriba mencionadas. Sin embargo, los resultados fueron nulos, porque el agua, aunque perdía su gusto un tanto amargo, no se tornaba por eso más agradable,
haciéndose empalagosa, y poco tiempo después de beberla, aparecía en la boca un gusto tan desagradable, que tuve pronto que renunciar a ese experimento. Durante las últimas dos semanas de ayuno volví a beber sólo agua pura, pero en una cantidad un poco más reducida que al principio.”

“Renuncié a lavarme con agua fría, porque no quería gastar porciones grandes de calor interno para el calentamiento posterior del cuerpo. Ese calor me hacía falta para sostener la vida de mi organismo, y para el caso de un ayuno prolongado, convenía gastarlo con el máximo de moderación.”
“Continué mis ejercicios con masajes hasta el 37° día de ayuno, momento en que los suspendí porque empecé a sentir después de ellos, en lugar de la sensación de animación, una especie de frialdad, que no podía paralizar ni aumentando la temperatura en mi habitación ni poniéndome ropa más abrigada. Me expliqué la aparición de
la frialdad por el hecho de que, con la disminución, en esa época, de la cantidad general de sangre y con su tendencia más acentuada hacia las regiones internas del organismo (tendencia originada por la intensificación de los procesos purificadores), la sangre empezó a no bastar para bañar simultáneamente en forma suficiente los tejidos interiores y la piel; al ser atraída temporalmente por medio de los masajes a la periferia, con tanta más fuerza se precipitaba luego hacia los órganos internos, refluyendo bruscamente de los tejidos cutáneos una vez terminada su excitación exterior, y provocando la sensación del frío. En efecto, cuando suspendí los masajes, la frialdad desapareció en seguida, a pesar de que la temperatura de mi cuarto estaba reducida a la
normal y la cantidad general de sangre seguía, evidentemente, disminuyendo.”
“Los excrementos a través de los riñones, al principio casi completamente incoloros, más o menos a partir del 15° día adquirieron un color amarillo-rojizo espeso, el cual conservaron hasta la terminación del ayuno. Al mismo tiempo aumentó fuertemente la secreción de la mucosidad por la nariz y la boca; hacia el 30° día, las secreciones nasales cesaron, mientras que las mucosas de la boca, que adquirieron un color pálido, anémico, como causado por una inflamación, y la lengua, fuertemente tapada durante todo el ayuno, prosiguieron su actividad hasta el penúltimo día del experimento y al final hasta la intensificaron. Estas últimas secreciones tenían un sabor muy desagradable, y tuve que escupirlas continuamente con la saliva. Su presencia contribuía mucho a sostener la decisión de abstenerse de la comida, porque la sola idea de que juntamente con la misma habría que tragar también dichas secreciones, envenenaba el placer que la imaginación podía asociar con el acto de comer. A fin de evitar tragar esos excrementos al beber agua, antes de beber me enjuagaba la boca.”

“Los análisis demostraron que no había contraído ni diabetes ni anemia ni otros horrores pronosticados. En los excrementos no fueron descubiertos ni azúcar de uva ni hiél ni sangre; albúmina serosa fue detectada en cantidad muy insignificante. Sólo los riñones, por el aumento de cilindros hialinos y leucocitos, se podía concluir que se hallaban en un estado próximo al morboso. Así que resultó que había terminado el ayuno
justamente a tiempo, y como en la determinación del momento de su conclusión me había guiado por los indicios del mismo organismo, esa circunstancia me sirvió de nueva confirmación de mi idea primitiva de que en los momentos difíciles de la vida del organismo conviene escuchar con toda atención la voz de la Eterna Razón presente en cada célula. El análisis de la sangre demostró que en un milímetro cúbico de ésta
había 4.520.000 glóbulos rojos y 6.500 glóbulos blancos; la relación entre éstos y aquéllos era igual a 1:695, y la cantidad de hemoglobina alcanzaba al 71%; o sea, que todo se encontraba en su estado más o menos normal. Los glóbulos rojos eran del todo normales, y entre los blancos no habían sido comprobadas formas patológicas.”

“La naturaleza es un libro abierto: el que quiere y sabe leerlo es capaz de hacer milagros.”

“Me decía para mis adentros: en invierno, la época fría del año, se duerme el mundo vegetal, después de haber entregado a la tierra las savias elaboradas, se duerme en parte el mundo de los anfibios y los reptiles, se retiran a sus cuevas muchos mamíferos y se esconden en sus nidos algunos insectos; durante todo ese período de sueño realizan, en una u otra forma, el ciclo del ayuno purificador para, a través de él, renacer en primavera y volver a la nueva vida. Todo eso prueba en forma categórica que el ayuno está autorizado por la madre naturaleza, la cual sabe que somos unos despreocupados y, en la abundancia, ensuciamos mortalmente nuestro organismo, comiendo en demasía.
Para espiritualizarse ayunan los faquires, los ermitaños, y no hay religión que no prescriba ayunos; por lo tanto, habiéndome incluido en el número de seres que obedecen a la voz de la naturaleza, me prescribí un ayuno de veintiún días.”

“Mi «yo» espiritual, que antes estaba trabado y como oprimido por la musculatura envenenada, empieza, al parecer, a liberarse, se torna para mí real e imperativamente activo.”
[]

17) El ayuno cura heridas también en los organismos afectados por la diabetes:

“Padecía, según el diagnóstico de nuestros mejores médicos especialistas, de arterioesclerosis en una forma más fuerte de lo que permite mi edad (57 años), hinchazón del músculo del corazón, una considerable dilatación de la aorta, y además, (a raíz de la arterioesclerosis) glaucoma de los ojos. Me recetaban toda clase de medicamentos caros y, naturalmente, dieta. Sin embargo, a pesar de todos esos remedios, dietas y excursiones a balnearios de aguas medicinales, me sentía muy mal, las piernas me fallaban, al menor cansancio se me cortaba la respiración, y en lo demás ocurría lo que pasa con todos los viejos. Hace tres años me decidí a curarme por medio del ayuno. Ayuné durante unos 20 días. Al cabo de una semana empecé a sentirme muy bien, me volví ágil e incansable y dejé de sufrir de la respiración dificultosa. Desde ese entonces no sé, en general, lo que es cansancio. ¡Trabajo durante todo el día y no estoy cansada en lo más mínimo! El ayuno produjo sobre mí un efecto muy bueno. Así y todo no me repuse por completo: no tuve tiempo para ayunar durante un plazo más prolongado. El glaucoma de los ojos no desapareció, pero el curso de la enfermedad, al parecer, se detuvo.”
“Estaba enferma de un cáncer que le afectaba el hígado, la vesícula biliar y el duodeno. Dijeron que no era posible someterla a intervención quirúrgica. Lo reconocieron el invierno pasado, manifestándole: «Viva hasta que pueda vivir».”

“Cuando se enteró de que a su hermano Bosha le habían ayudado en forma
tan evidente sólo 12 días de ayuno, decidió ayunar también. En noviembre inició el ayuno. Lo soportaba con facilidad. Ya al cabo de 6 ó 7 días caminaba ligera, llena de bríos, se puso más alegre, sus dolores empezaron a declinar, paseaba por la calle sin sentirse cansada. Después de 20 días empezaron a salir con el agua del enema cálculos del tamaño de una avellana, lisos, como expresamente pulidos, luego gran cantidad de
cálculos más pequeños, parecidos a los que se encuentran en el estómago de una gallina, sin pulir [cálculos del tamaño de una avellana salieron en total 12: nota de A. Suvorin], y, al final, arena, igual a la del río. Esa eliminación de cálculos duró un mes. Los dolores cesaron. Ayunó 28 días y no pudo más. Cuando empezó a comer, sintió en el estómago un ardor y se puso mal. Al cabo de 10 días después de haber iniciado a comer,
de repente empezó a vomitar sangre. Llamaron a un médico. Dijo que la enferma había tenido un absceso en el estómago que acababa de reventar. La sangre salió en forma de vómitos durante todo aquel día. El médico prescribió tomar durante seis semanas sólo leche, pero ella decidió realizar un nuevo ayuno de dos semanas. Ahora es una mujer sana; todo lo sana que pueda ser una mujer de 62 años de edad predispuesta a tener
cálculos en el hígado.”

“”
[No era cáncer, cálculos en el hígado e hinchazón en el intestino]

18) Arterioesclerosis. Presión alta en la sangre:

“Presión de sangre 150 mm, pulso esforzado, 82; los reflejos de las pupilas normales; los pulmones normales; el estómago y los intestinos normales. El corazón un tanto adiposo; una pequeña dilatación de la aorta; los tonos del corazón un tanto sordos. Los dolores en las piernas y el sacro de constitución podágrica. Arterioesclerosis desarrollada.”

“Se inició una cura mediante el ayuno de 21 días.
Resultados: al 3° y 4° día desaparecieron los dolores en la nuca, y al 12° día cesaron los vahídos, los dolores en las piernas y el sacro, y el sueño es ligero y tranquilo. Al final de la cura la presión de la sangre es 115 mm, hay tranquilidad mental y disposición de ánimo equilibrada y buena; la depresión mental cedió su lugar al interés por la vida y el deseo de obrar; la respiración entrecortada desapareció, los tonos del corazón son
claros y fuertes. Un mes y medio después de terminado el ayuno, la presión de la sangre es 120 mm, el pulso normal, el estado de ánimo equilibrado y tranquilo.”
“En contraste con los ayunos anteriores, el presente no provocó impulsos más frecuentes de orinar. La expulsión de la orina es normal, como son normales también su concentración y color. Lo explico por el hecho de que, después del ayuno a fines de 1929, la consistencia química de la sangre se aproximó a la normal. La disminución de la presión de la sangre transcurrió en forma paulatina: al 5° día, 145 mm; entre el 10° y el 12°, 136 mm; al final, 120 mm; y el día siguiente al de la conclusión del ayuno, 118 mm.”

[Diferentes casos]

19) Grave dolencia del hígado. Cálculos. Concrecines. Derrame de la bilis. «Ha llegado el tiempo de morir»:

“Sintiendo y dándome instintivamente cuenta de que todos esos diagnósticos se hallaban lejos de la realidad, resolví recurrir, como al remedio extremo, a la cura mediante el ayuno y la alimentación según el método de «Suvorin», ello bajo la dirección por correspondencia del mismo señor Alexi Suvorin. El primer ayuno que
hice duró cinco días, luego realicé otro de diez días y, finalmente, aguanté un tercero de 29 días de duración y adopté el método de alimentación vegetariano recomendado por el señor Suvorin. Actualmente todos los dolores han desaparecido; mi estado físico es admirable, mi estado moral es excelente; estoy completamente sano y me he olvidado de la muerte.”

[]



18) Enfisema de pulmones, fuerte dilatación de la aorta y mediana dilatación del corazón:

“La cura por medio de medicamentos surtía poco efecto; la capacidad para trabajar en la mesa de escribir no volvía. A partir del verano de 1926 ensayé a curarme mediante el ayuno. Realicé en total cuatro ayunos de 12 días cada uno (sin contar el entrenamiento previo), con intervalos de 4 a 5 meses entre dos ayunos consecutivos. Ya después del primer ayuno empecé a sentirme mucho mejor, y después del cuarto desaparecieron por completo todos los síntomas subjetivos. Los dolores en el pecho cesaron casi del todo. Actualmente trabajo en la mesa de escribir sin cansarme de seis a ocho horas seguidas. Si ha ocurrido una reducción efectiva de la aorta y del corazón lo ignoro, porque no me
he sometido a un examen por medio de rayos X, pero, en general, me siento completamente sano, a pesar de mi edad avanzada (67 años).”
“El general aplicó el ayuno en forma muy acertada, en primer término por su duración: su asma era de origen nervioso, y justamente en los primeros 10 días de ayuno concluye el organismo la purificación general de la esfera de los nervios. Acertada fue también la duración de los intervalos entre los ayunos. Si el enfermo se hubiese apresurado y los hubiese hecho más cortos, habría gastado más energías nerviosas de lo que era normal para su organismo.”

“Lo máximo obtiene del ayuno el que sabe descansar después del mismo, no sólo con el cuerpo, sino también con los nervios”

[]

20) Dos ayunos de 40 días cada uno realizados entre los 72 y 74 años:

“Y en cuanto a los niños y la juventud, debo decir, a raíz de todos los experimentos que tuve que realizar en mi práctica, que el ayuno, en general, no sólo no deprime ni perturba el desarrollo normal del joven organismo, sino que es soportado por éste con suma facilidad, infundiéndole energía y aumentando su resistencia y fuerza física mediante la regeneración de la musculatura.”
“Sí, es así! Para organismos jóvenes, especialmente los flojos, anémicos y escrofulosos, resultan sumamente útiles ayunos de corta duración —no más de 21 días—, y los niños los soportan en forma excelente. La sangre se purifica y aviva, la propensión a los resfriados desaparece, se disuelven sin intervención quirúrgica los ganglios hinchados, cesan los catarros, las inflamaciones, se fortalecen los pulmones y se purifica y sana
la piel.
El ayuno ventila profundamente el joven organismo, aviva con nueva energía todos sus tejidos, los huesos inclusive, cerrando así el paso a la tuberculosis. Los laboratorios médicos americanos comprobaron un hecho sorprendente: durante el ayuno, los huesos de los animales de sangre caliente se enriquecen en fósforo; los huesos entran durante el ayuno en el giro general de la sustancia en el organismo y a ellos traspasa el fósforo que se libra de la parte débil y superflua de los músculos, que se disuelve en ese período para la nutrición del organismo.”
“—Yo tenía una inflamación crónica del apéndice. Cada año en la misma época, entre la Navidad y el Año Nuevo, tenía terribles ataques.
—¿Y por qué no la operaron? —preguntó alguien.
—Tenía miedo, y nadie se atrevía a hablarme de ello. Me asustaba lo que sucede con frecuencia después de la operación. Es por eso que resolví ayunar. Durante tres días observé una dieta para prepararme, y luego, durante 21 días, tomé sólo agua endulzada con miel o té. ¡Ah, qué agradable es ayunar! —se entusiasmó la muchacha—. ¡Uno se olvida por completo de la comida, de la cena! ¡Si el estómago da aviso de su existencia, se toman dos o tres tragos de agua o de té, y todo ha pasado!
¡Y cuánto trabajo y tiempo requiere la comida! ¡Y los platos cansan tanto, que el hombre no puede ni verlos, y aun menos sentir su olor! ¡Qué bueno sería si el organismo se alimentase automáticamente, y el hombre no necesitase comer! Yo,
durante el ayuno, tenía tanta energía para el estudio... Estudié mucho mejor que antes y si hubiera continuado el ayuno, sin duda habría tenido las mayores calificaciones en todas las materias. A los alumnos que estudian mal les aconsejaría ayunar.”

“Conozco muchos casos en que gente joven que en invierno siempre se enfermaba de resfriados y anginas se ha olvidado de esas enfermedades después del ayuno. Una joven de 20 años de edad, que sufría en invierno cinco ataques de anginas, en el que siguió al ayuno no se enfermó ni una sola vez.”
[]

21) Hombres de una nueva fuerza:

“Pero, en primer lugar, cabe recordar que hoy día no hay hombres sanos en el mundo. Todos tienen detrás suyo a una larga serie de antepasados que se alimentaron en forma terriblemente antihumana y llevan en su sangre su herencia, que ha reducido la vida del hombre moderno a unos setenta años. ¡Para remediar todo eso hacen falta, no semanas, sino siglos de ayuno!”
“Y, en segundo lugar, lo principal reside en que el ayuno tiene la propiedad no sólo de purificar y curar el organismo, sino también la de regenerar sus tejidos, y lo hace más profundamente, cuanto mayor es la reserva de energías del hombre, o sea, cuanto más sano esté.”
“Rápidamente, en el transcurso de pocas semanas, le quita el 30% del volumen de sus músculos, saca de ellos toda la grasa, todo lo flojo, lo enfermo y lo viejo que contienen, y todo ese peso perdido lo recupera el hombre al cabo de pocas semanas en forma de carne y músculos nuevos, fuertes y jóvenes. El cuerpo nuevo es siempre más duro, seco y pesado que la carne eliminada. Usted volverá a su peso anterior, pero su talle ya no alcanzará las dimensiones de antes: el nuevo cuerpo tendrá un volumen inferior al del viejo.”

“En cada ayuno el hombre suprimirá de 3 a 5 kilos de carne vieja y enferma y en su lugar adquirirá otro tanto de carne nueva y joven, así que en el transcurso de un año se quitará 48 kilos de carne y músculos flojos y los sustituirá por igual cantidad de carne y músculos vigorosos y frescos.
¡Se trata de un rejuvenecimiento completo: 50 kilos por año!
Y todos esos músculos nuevos tienen un nuevo límite de saturación con la fuerza. Por lo tanto, después de cada ayuno prolongado los músculos crecen y se fortalecen automáticamente; en el transcurso de 40 días de ayuno crecen y se fortalecen en un 10 a un 15%, cualquiera que fuese su fuerza antes.”
[]

22) Ayuno en grupos:

“En casos de inflamación del hígado o de la vesícula biliar, en general, no se recomienda ayunar más de dos semanas y media de una sola vez, pero conviene repetir el ayuno varias veces. Entonces la inflamación pasa sin complicaciones.”
“”
[ejemplos de personas ayunadoras]

23) Ayunos largos y breves:

“Han pasado 3 meses desde leí fin de mi ayuno de 40 días, y me siento completamente bien y lleno de energía como nunca. Inicié este segundo ayuno para arrancar la enfermedad de raíz, aunque dos médicos (uno ruso y otro serbio), que me atendían antes de mi primer ayuno, encontraron que de mi catarro de estómago de más de 25 años de duración no había quedado ni rastro. Se lo agradezco a usted infinitamente:
ya han pasado 5 meses desde la iniciación del primer ayuno, y no sé lo que son dolores en el estómago, cuando esos dolores continuos y cotidianos me torturaron durante muchos años. Mis conocidos no se cansan de maravillarse ante los resultados de la cura y muchos han seguido mi ejemplo. De todo corazón le deseo éxito en la lucha.”
[Casos ejemplos]

24) El mecanismo de la cura mediante el ayuno:

“En el efecto que el ayuno produce sobre las enfermedades, se notan siempre tres particularidades:
1) El mecanismo de ese efecto es, ante todo, la liberación mecánica del organismo del germen morboso, la extirpación de las raíces mismas de la enfermedad, su eliminación completa.
2) Ese efecto abarca siempre todo el organismo, y no sólo su parte afectada por la dolencia, un órgano suyo.
3) Se guía ese proceso por una superior consciencia psíquica del hombre, la cual, al chocar con el mundo inferior de las bacterias, tiene la fuerza de matarlas en el acto. En efecto, si el hombre no se debilita a sí mismo, si concentra de veras su voluntad para librarse de cualquier enfermedad, por más «invencible» que sea, al encontrarse con la invisible pero poderosa reina de la medicina moderna, la bacteria, tendrá la fuerza
para matarla; ¡él a ella, y no ella a él!”
“Todavía hace poco se consideraba en la ciencia que la digestión en los intestinos del hombre se efectuaba por la acción de las bacterias, sin las cuales el proceso digestivo resultaría imposible: la bacteria en algo era más fuerte que el hombre. Y he aquí que hace 15 años el doctor Kellog realizó interesantes experimentos para resolver cuáles bacterias en el intestino del hombre eran normales y útiles para éste, y cuáles heterogéneas y perjudiciales.
Esos experimentos dieron, inesperadamente, la contestación a la siguiente pregunta: Quién es más fuerte en la lucha sobre el terreno de las «enfermedades», ¿el hombre o la bacteria?
A una serie de personas de salud normal se les daba una comida minuciosamente esterilizada, y con sus excrementos se preparaban cultivos de bacterias. Se esperaba encontrar colonias abundantes de bacterias; en realidad, empero, se comprobó al principio la presencia de una cantidad reducida de las mismas, y al cabo de 10 días se llegó a un resultado completamente inesperado: ¡en los cultivos no fue encontrada ni una sola bacteria! Más aún: cuando a esas mismas personas, en lugar de la comida esterilizada, se les empezó a dar otra común sin esterilizar, en los excrementos de algunas de ellas fueron comprobadas bacterias, pero en la mayoría de los casos, los excrementos resultaron asépticos (¡libres de bacterias!).”
“Eso constituye una prueba de que, primeramente, la presencia de bacterias en los intestinos no es más que el resultado del descuido del hombre y tiene su origen en los alimentos que toma, y luego, que los jugos gástricos o intestinales hasta tienen la fuerza de matar a las bacterias. Esto sucede así siempre y cuando no se perjudique él mismo, dado que puede gozar de una salud ideal y cada «hoy» ser aún más sano de lo que era
«ayer». Así que, de entre dos seres en lucha: el hombre y la bacteria, mata el hombre si no se debilita a sí mismo y es capaz de librarse a tiempo de ese debilitamiento.”
[]

25) ¿Pueden curarse mediante el ayuno personas débiles, anémicas o enfermas de tuberculosis?

“En efecto, en el atacado de las enfermedades mencionadas ya de por sí se están pudriendo los pulmones y los huesos y, sin embargo, se le agrega más podredumbre: manteca, huevos, leche, y carne, carne, carne Mientras tanto, todas esas sustancias son material para la putrefacción y dejan detrás de sí residuos que se depositan en
la sangre, envenenándola y agotando los riñones y el hígado con trabajo excesivo. «¿Cómo, también, se prohíben los huevos y la leche?», exclamarán muchos. ¡Ciertamente, si constituyen la parte principal de la comida! La leche absorbe una parte excesiva del apetito y los jugos digestivos del enfermo, casi no dándole hierro. En cuanto a los huevos... la clara carece casi de todo efecto nutritivo, al paso que la yema, con su azufre y grasa, al encontrarse con el jugo de carne, produce gases sumamente perjudiciales y ensucia el hígado. Sin embargo, el veneno principal de esta alimentación es la carne, que se pone en venta sólo después de haber pasado del estado rígido en que se encuentra inmediatamente después de la matanza, al blando, o sea, a la fase siguiente de la descomposición. Y lo que es la carne como alimento lo demuestran las cifras
siguientes. En los mercados de las ciudades más cultas, los inspectores sanitarios echan al suelo la leche en que se descubren más de 10.000 bacilos por cada gramo de volumen. Mientras tanto, he aquí la cantidad de bacterias que se encuentran en cada gramo de las diferentes clases de carne y... ¡en el estiércol de animales domésticos!, según el análisis del doctor Roderik, especialista del BattleKrick-Sanitarium.
Bife
1.500.000
Bife hamburgués
75.000.000
Hígado de cerdo
95.000.000
Estiércol fresco de ternero
15.000.000
Estiércol fresco de cabra
20.000.000
Estiércol fresco de caballo
30.000.000

Las muestras de carne fueron tomadas en siete mercados directamente de los puestos de venta. Las bacterias de la carne resultaron las mismas o parecidas a las encontradas en el estiércol, y entre ellas siempre se encuentran las clases habituales en el intestino humano enfermo.”
“El enfermo de tuberculosis es un hombre infectado por las bacterias, el anémico sólo está expuesto a esa infección. Las bacterias, de por sí, no son más que hongos, moho. Se desarrollan allí donde hay terreno propicio para ello, donde hay suciedad y abundancia de albúmina y sus derivados. Y la lucha directa contra ellas es, en primer término, la limpieza, porque el organismo puro está protegido contra las bacterias y las mata cuando ellas penetran en él. ¡Y el ayuno es, ante todo, la purificación (la limpieza)! ¡Él es lo que hace falta aquí! Pero... naturalmente, es muy temible para los anémicos y los tuberculosos dar el primer paso:
« ¿De dónde voy a sacar fuerzas durante el ayuno, cuando ahora carezco de ellas? ¿De qué formará mi organismo la sangre, si dejo de comer?», son las preguntas que se hace el enfermo.
Pero la cosa es que en el organismo de ese hombre, justamente por estar tuberculoso, no sólo existe esta sensación de debilidad, sino también, y esto sin lugar a dudas, la abundancia en la sangre de toda clase de basura que la ensucia, y para que el hombre llegue a sentir en sí fuerzas, lo primero que debe hacer —por ser lo más sencillo— es expulsar de sí toda esa basura superflua.”
“”
[]

26) LA MÁQUINA HUMANA ESTÁ CONSTRUIDA PARA LA VIDA, Y NO PARA LA MUERTE:

“En la sangre de un hombre medio (65 kg) hay, como promedio, treinta trillones de glóbulos rojos. Cada uno de ellos vive seis semanas. De ahí se desprende que cada segundo segundo, en el hombre mueren 7.000.000 de glóbulos rojos, y, naturalmente, otros tantos deben nacer, para que se conserve en el organismo el equilibrio. Glóbulos
blancos hay aproximadamente mil veces menos (con la norma de glóbulos rojos de cinco a seis millones sobre cada milímetro cubico, la de los blancos se calcula de seis mil a siete mil por igual unidad de volumen). La misión de los glóbulos rojos es, al pasar por los pulmones, absorber con su superficie el oxígeno del aire, distribuirlo por todo el organismo y, acumulando en todas partes por el camino el óxido de carbono, expulsarlo a la vuelta también por los pulmones. Los glóbulos blancos, en cambio, desempeñan en nuestra sangre el papel de policía benéfica, luchando contra las bacterias y los bacilos, matando y descomponiéndolos.”

Algunos en contra del ayuno comentan: “¡ Ayunar!... ¿Está usted loco? Ya sin esto tiene poca sangre; ¿quiere perder el resto que le queda aún? ¿De dónde sacará usted sangre, si no come? ¡Menos sangre, menos vida! ¡Olvídese de esos cuentos de mujeres! ¡La ciencia se ha pronunciado en contra de ellos! ¡Me niego a curarlo a usted, si ha llegado hasta la locura de querer matarse con sus propias manos! Puede permitirse esas bromas consigo mismo, pero en mi ausencia. No voy a asistirle a usted en eso. ¡Justamente tiene que comer más: es la única salvación para usted!”
Y todos los parientes miran con dolor al enfermo: “¿Es posible que sea capaz de convertirse en suicida? ¿No comprende que no comiendo nada, no tendrá de dónde sacar sangre?”
“Hay en el hombre otro agente que ejerce influencia sobre la vida y la muerte
de los glóbulos, tanto rojos como blancos. Es el fenómeno del «tono», aún no del todo conocido por la ciencia, del cual todos los enfermos oyen hablar a su médico, pero nunca en forma lo suficientemente comprensible. La cosa es que cada segundo —¡segundo!—, por toda la red de los nervios y tejidos del hombre, por toda la sangre, pasan, saliendo de los centros más hondos de su ser, veinte sacudidas, veinte ondas de energía nerviosa. De dónde fluye esa energía, no se sabe. Con qué fuente primitiva de la vida del universo nos une, tampoco se sabe, pero el rumor de su torrente y el palpito de su vibración los podemos percibir materialmente, tapándonos con las puntas de los dedos, en forma ligera, los oídos. Entonces oiremos un profundo y constante rumor en la sangre; justamente ése es el «tono», el rumor del Niágara de la sangre, el Niágara de la vida, que se precipita a través de cada hombre no se sabe dónde, pero con una fuerza colosal y una velocidad realmente asombrosa: ¡20 ondas por segundo! Para el sostenimiento de ese «tono» solo — que nos da la circulación de la sangre y la temperatura del cuerpo— se emplea del 30 al 50% de toda la alimentación. Cuando durante el ayuno la cantidad de las unidades alimenticias que se consumen en el
organismo baja en un tercio (de 2.500 calorías a 1.600), es muy natural que cambie también la tensión del «tono»; en el organismo se establece un nuevo «tono» con unas peculiaridades que merecen un estudio detallado.
Ese Niágara de energía que pasa por el hombre es lo que sostiene en él la vida, cubriendo con su fuerza —su fuerza psíquica— todos los defectos y fallas de los procesos fisiológicos. En ella funciona su razón especial, que lleva sus decisiones a efecto con una precisión astronómica y con una velocidad y potencia enormes.”

“Y el material para todo eso lo toma el organismo de su propio peculio. Ante
todo, echa mano de las células débiles y enfermas de la sangre y de sus agregados en forma de toda clase de sales innecesarias y perjudiciales de la alimentación carnívora. Luego sigue el turno de la cal de mala calidad proveniente de la carne, con la cual, durante la alimentación normal, el organismo no tiene tiempo que perder, de
manera que la arroja a la reserva, a las paredes de las arterias y otros tejidos, provocando así la esclerosis. A continuación le toca el turno al hierro de mala calidad, también originado por la carne, que no fue aprovechado para la fabricación de la sangre, sino que quedaba depositado en el hígado y otros rincones del organismo.
Después, la grasa de mala calidad, también proveniente de la carne de vaca, de cerdo, de gallina, que no fue invertida en la formación de los músculos y se depositaba en forma de capas ajenas al resto del organismo, dondequiera: en la región del vientre, sobre el corazón, bajo el cuero cabelludo, entorpeciendo la digestión, la respiración, el funcionamiento del corazón, matando las raíces del cabello. Luego, el azúcar superfluo en la sangre, el cual, transcurrido un poco más de tiempo, habría provocado la diabetes. Todo eso, ahora, en el período de la completa libertad del enorme trabajo habitual inherente a la digestión y el funcionamiento de los intestinos, es transformado por el organismo, y de ese material, primero, se obtienen fuerzas para el mantenimiento de la
vida en el organismo bajo la respiración de su «tono»; luego, se producen, en lugar de los débiles glóbulos rojos gastados, glóbulos nuevos en cantidad más reducida, pero de calidad superior, y por último, los residuos se arrojan principalmente por la boca.”

“Cada grano de sal mantiene por sí en la sangre 96 gramos de agua. El hambre, arrojando del organismo las sales, elimina también el agua y, con ella, la hidropesía. Las heridas, tanto externas como internas, empiezan a purificarse y a secarse ya en los primeros días de ayuno, por cuanto eran sostenidas por las basuras que se acumulaban en el organismo y salían a través de ellas. El ayuno comienza a interceptar esa basura en lo más hondo del organismo para la fabricación de la sangre, y el pus desaparece en las heridas, cerrándose éstas.”

“Con una precisión y fuerza geniales determinó Hipócrates las fases del ayuno curativo cuando dijo: «El hambre cura, debilita, mata». En efecto: las primeras semanas de ayuno hacen a veces verdaderos milagros de cura. En la 5.a y la 6.a semanas se siente la reducción de las fuerzas. Después de 40 días y la purificación de la lengua, es suicidio continuar el ayuno: el organismo empieza a roer para, su alimentación no sólo elementos que le son perjudiciales y superfluos, sino también los tejidos sanos propios.”

“No es nada extraño y no debe alarmar en lo más mínimo el hecho de que, durante el ayuno, el «tono» del cuerpo se torne completamente distinto y que ocurra lo mismo con todas sus manifestaciones comunes, como son la temperatura, el pulso, la tensión y la sensación de la fuerza interior, pero, así y todo, el hombre no da ni un solo paso hacia la muerte. Es que durante el ayuno, para el funcionamiento del organismo, sólo se invierten dos tercios de la norma habitual de la alimentación”

“Para estimular el «tono» puede servir de recurso poderoso, en primer lugar, el ayuno mismo, que libra a las fuerzas del organismo del trabajo inherente a la digestión, y luego, los elementos de la naturaleza: el sol, el aire, el agua (los médicos deben aprender a aplicar acertadamente aguas curativas, y no sólo para las enfermedades de los intestinos), la tierra, etcétera.”

“El cuidado principal debe consistir en la limpieza y el saneamiento de los intestinos, para acumular en el enfermo algunas reservas de fuerzas al principio del ayuno. A continuación, el ayuno mismo los va a mantener.”

“El doctor Cartón basa toda su extensa y magnífica obra Traite de médecine d'alimentation sobre la siguiente idea: “La enfermedad, para el organismo, no es más que un ataque de purificación.”
No hay muchas enfermedades —dice—; existe sólo el ensuciamiento del organismo con el moho de bacterias, jugos innecesarios y depósitos superfluos de músculos flojos y grasas asfixiantes. Durante la cura no hay que dar caza a los bacilos, sino limpiar en el organismo el terreno de las basuras en que se desarrollan las bacterias.
“Las enfermedades no son más que diferentes máscaras de un mismo ser: el hombre, máscaras contra las cuales no hay que luchar como contra dragones, sino, simplemente, arrojarlas de sí. El doctor Cartón cita con complacencia la observación de Hipócrates: «Cuanto más alimenta usted a un enfermo, tanto más daño le causa».”

“Rojer (Digestión et nutrition) sometía conejos a un ayuno de 5 a 7 días, y éstos adquirían inmunidad para los bacilos de colitis que les eran inyectados y a causa de los cuales los otros animales de control morían al cabo de 2 a 20 días.”

“Dice el profesor R. Roseman en su Fisiología del hombre: “Todos los tejidos y órganos del cuerpo humano son aptos, aunque en grado diferente, para la regeneración; y más que todos, la sangre. Después de la pérdida de una parte de la sangre, el organismo rehace primeramente el plasma, luego los glóbulos blancos y, finalmente, los rojos. Renace el tejido de las fibras de los músculos, y el mismo hueso, si queda ileso el
periostio que lo reviste. Crecen los dientes arrancados e hincados nuevamente en sus alvéolos. Ponfik cortó dos tercios de un hígado; la regeneración de su tejido empezó al cabo de varios días y al cabo de varias semanas ya quedó terminada”.”

“La forma en la que se puede modificar el estado físico y transformar la sangre por medio del ayuno, nos la enseña el ejemplo de A. Ehret, de quien ya hemos hablado. A la edad de 31 años, los médicos declararon su caso desesperado, a consecuencia de una grave inflamación de riñones. Mediante el ayuno y la dieta, el enfermo se curó hasta tal punto, que ocho años más tarde podía aguantar, sin ningún daño para su salud, dos
horas y quince minutos de paso acelerado y una jornada de marcha de 58 horas seguidas.”

“Al parecer, el organismo joven en estado de crecimiento responde al ayuno lo mismo que el de un adulto. Naturalmente, es más fácil causarle daño que a un organismo ya completamente formado, pero, en cambio, es más rico en fuerzas frescas y puede dar un milagro allí donde el otro dará sólo un restablecimiento común.”
[]



27) Observaciones referentes al transcurso del ayuno como método de purificación:

“Los primeros 2 ó 3 días: La temperatura del cuerpo baja de medio a un grado y medio y luego se establece a un nivel por todo el resto del ayuno. Se fortalece perceptiblemente el corazón. Se debilitan las manifestaciones de la hidropesía y la neurosis.
Los primeros 6 días: Los más difíciles en sus sensaciones. Se siente la acumulación en la sangre de los residuos amontonados, debido a la insuficiente evacuación de los mismos en los primeros días. Hacia el 6° ó 7° día, esa acumulación se despeja, la evacuación se establece completamente, y se produce una crisis favorable en el estado
físico. Queda aliviada la esclerosis.

Los primeros 6, 10 ó 12 días: La purificación del organismo de cal y de pus. Continúa la mejora de la esclerosis, se curan úlceras de estómago recientes e inflamaciones.
Los primeros 10 a 14 días: Se purifica la esfera de los nervios. Se fortifican grupos aislados de nervios (nervio de escritura). Se debilitan y desaparecen los fenómenos de la ciática. Los primeros 14 a 21 días: Se purifica la esfera cardíaca. Cesa la hidropesía.
La tercera década: La más tranquila de todas las cuatro. Se preparan para la expulsión los residuos y cenizas más pesados. La cuarta década: Salen las últimas cenizas. Se produce una repugnancia directa hacia la comida. Si el ayuno termina en ese período antes de ponerse roja la lengua, tarda mucho en volver el apetito «vivo». Se liquidan las
enfermedades de la garganta. Se curan catarros de estómago antiguos, la dilatación de la aorta, el enfisema de pulmones, etcétera.”
“Las fases se dividen, a veces, en forma muy nítida por la aparición de amargor en la saliva y el emblanquecimiento más intenso de la lengua, debido a la salida por la boca de los residuos más gruesos (últimos) de esa región. A continuación sigue, en ocasiones, una purificación temporal de la lengua, que queda despejada de la capa que la cubría, y hasta una breve aparición del apetito (con singular frecuencia, a fines de la segunda década).”
“El doctor Moban (Contribution a l'étude de l'acetonurie, 1904), habiendo estudiado especialmente la cuestión, afirma: «La acetonuria no indica necesariamente la iniciación de la acetonemia. Sólo es un indicio seguro de la "autofagia" del organismo con la destrucción de sus reservas de carbonatos, grasas y albúminas, autofagia provocada por el hambre, breve o prolongada, y el agotamiento, relativo o absoluto».”
[]

28) LA FUNCIÓN DE LA LENGUA EN EL PROCESO:

“Bajo la dirección del doctor Kellog, en los laboratorios del Battle-Crick-Sanatorium, fueron realizados numerosos análisis de la saliva de enfermos que tenían tapada la lengua. Siempre se comprobaba la presencia de bacilos intestinales en su boca. La saliva de esos enfermos, dejada durante varios días en botellas herméticamente cerradas, adquiría un olor bien pronunciado de materias fecales.”

“El doctor Cartón describe cómo se alimenta y se desarrolla la célula, base del organismo viviente: las sustancias nutritivas penetran a través de su envoltura por endosmosis, y sus residuos salen afuera por exosmosis.
«Esa dualidad del funcionamiento, en los animales superiores, es propia de muchos órganos que simultáneamente sirven para la recepción y la expulsión, como la piel, los intestinos, el estómago, el hígado, los ganglios.»”

29) Curso abreviado del ayuno purificador:

“Los obstáculos principales que surgen aquí son tres.
- Primeramente, los nervios. En muchos, la obstrucción del organismo resulta tan profunda y antigua, que también se hallan sumamente excitados los nervios. Tales personas soportarán con muchísima dificultad las últimas semanas de ayuno, cuando en lo más hondo del organismo empieza a quitarse, como con un cepillo de hierro, toda clase de «herrumbre» endurecida sobre los huesos y en los tejidos, Se sentirán ataques
repentinos de debilidad, de insomnio; surgirán dudas sobre la posibilidad de aguantar el ayuno hasta el fin.

- Otro obstáculo es el efecto del adelgazamiento. Éste en cada hombre es diferente, pero, de todos modos, en el curso de las primeras dos semanas, cuando se pierden de 10 a 12 kilos de peso, se producen en la región de los intestinos, que enflaquecen especialmente ya en los primeros días, espacios vacíos, donde se hunden los órganos ubicados más alto, como son el estómago, los riñones y el hígado.

- El tercer obstáculo es la anemia verdadera. No la anemia habitual que es la consecuencia de la obstrucción de la sangre con sustancias heterogéneas y células débiles y mutiladas, y que sería más acertado llamar «debilidad de la sangre», sino la anemia verdadera, cuando en el organismo está entorpecida la fabricación de la sangre. La sola purificación de ésta no hará el organismo normal, o sea, sanguíneo, pero una dosificación del ayuno sabiamente combinada con las circunstancias puede poner nuevamente en movimiento la fábrica de sangre detenida.”

30) El compás de la estabilidad interna:

“El ayuno se realiza durante 5 ó 12 días seguidos, es decir, durante las dos o las tres primeras fases actualmente determinadas. Si usted no puede más, si las sensaciones que experimenta son demasiado agudas y entorpecen sus actividades, interrumpe el ayuno al 5°,4° ó 3.er día. El principio es: conservar una sólida estabilidad interna y aptitud para el trabajo.”
“Después de un descanso por un plazo igual al del ayuno, inicia usted el segundo «paquete» del ayuno. Transcurre éste en forma más fácil que el primero, porque el organismo ya se halla un tanto purificado.”
“Como regla general, salvo pocas excepciones, aconsejo a todos, antes de un ayuno completo, realizar una «semana de ensayo —7 días—, durante la cual se conocerán las sensaciones predominantes del proceso, y juzgando por los fenómenos de esa semana, se podrá determinar cómo transcurrirán para el ayunador la 5.a y 6.a semanas de ayuno”

“De un modo especial recomiendo a los que quieran iniciar su primer ayuno hacerlo no a solas, sino en grupos de 3 ó 4 hombres. Eso ofrecerá a cada uno la posibilidad de estudiar los fenómenos y peculiaridades del proceso en forma rápida y prácticamente útil para sí, por cuanto los observará no sólo en sí mismo, sino también en otros; verá cuáles de ellos son comunes a todos, y cuáles sólo propios de personas aisladas, cuáles
son las medidas a adaptar, sus efectos, etcétera”

[]

31) Las reglas del ayuno purificador:

“En el primer día de ayuno se debe tomar un purgante, limpiando así toda la vía digestiva, de arriba abajo. En este caso, el purgante no puede ser sustituido por un clister, porque éste surte su efecto sólo en una parte de esa vía.
A partir del primer día de ayuno:
1) Pésese y siga haciéndolo, en la medida de lo posible, diariamente —es un dato importante para muchas cosas en lo futuro—; tome la medida del talle, el pecho y el cuello.
2) Anote diariamente la temperatura.
3) En el transcurso de la primera semana aplíquese diariamente un clister de un litro o de un litro y medio de agua pura a 32 ó 35° C, manteniendo ésta en el intestino durante 15 a 20 minutos, para que pueda empaparse bien. El clister se recibe estando el paciente de rodillas y apoyado sobre los codos, a fin de facilitar una profunda penetración del agua. Durante la operación se hace un ligero masaje en torno al ombligo en la dirección de la aguja de reloj”
“Sin embargo, si a pesar de los clisteres, usted siente dolores de cabeza durante la primera semana y transcurrida ésta, repetirá los purgantes cada 1, 2 ó 3 días. Con más frecuencia se sienten dolores debido a la formación de tapones en los intestinos: los intestinos que se van secando ciñen esos tapones fuertemente, originando así dolores nerviosos.”
“Hay que beber según la necesidad verdadera, sin forzarse a sí mismo, y no olvidar aplicarse clisteres. El apetito se hace sentir, generalmente, sólo hasta la noche del primer día; luego desaparece hasta el fin de la última (cuarta) década, cuando la lengua se despeja de la «capa» (trasudor) y aparece la verdadera sensación de hambre.”

“De ahí una regla indispensable: no hay que tragar nada de las secreciones que salen de la nariz o de la boca durante el ayuno; hay que escupirlas todas, porque están envenenadas. Conviene enjuagar la boca con una infusión de corteza de limón o de naranja”

“1) Masticar bien y largamente la comida, y
2) No comer con exceso, deteniéndose en seguida de percibirse la voz del estómago «¡basta!»”

“En general, después del ayuno no hace falta apresurarse a recuperar el peso
perdido. Eso se hace sólo y con mucha facilidad y rapidez, pero se forma una carne joven y blanda. No se permita recuperar más de la mitad del peso perdido.”


No hay comentarios:

Publicar un comentario